Elefantes blancos

Fonte J. C. GªFajardo 28/03/2013 às 18h

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Un aprendiz de novicio vivía aprisionado por los límites de la razón y de la lógica. Para todo exigía una respuesta conceptual que cupiera en su mente.

Un día preguntó al Maestro:

- Señor, ¿quién sostiene el mundo?

- Ocho elefantes blancos, -le respondió -.

- ¿Y quién sostiene a esos ocho elefantes blancos? - insistió el mozalbete.

- Pues, otros ocho elefantes blancos, - repuso el Maestro -.

Esto me recuerda una anécdota que le sucedió a San Agustín cuando era joven y que cuenta en sus Confesiones:

Paseaba un día por la playa tratando de entender el misterio de la Trinidad, el origen del mundo, la inmortalidad del alma, el problema del mal, y otra serie de misterios. Vio a un niño que jugaba en la orilla y que entraba y salía en el mar con su cubo trayendo agua que vertía en un hoyo que había hecho en la arena.

- ¿Qué haces?, - le preguntó.

- Estoy trasegando el agua del océano.

- ¡Pero si no va a caber en ese agujero!, - exclamó riendo el futuro obispo de Hipona.

- Pues eso, - le respondió el chaval.

Un venerable Maestro Zen comentaba sonriendo a sus inquietos discípulos que buscaban un atajo para alcanzar la plenitud, la libertad interior y comprender el samadhi y el nirvana.

- ¿Cómo os voy a explicar el sabor de una taza de té?

Y el Maestro Zen seguía trabajando en su jardín con una amplia y cómplice sonrisa.

J. C. GªFajardo

fajardoccs@solidarios.org.es

J. C. GªFajardo
Fonte J. C. GªFajardo 28/03/2013 ás 18h

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